Zunzunegui explica la batalla de Cagayán.

Tlaxcaltecas contra samuráis: Zunzunegui aborda Cagayán, la épica batalla que «solo podía pasar en el Imperio español»

Que combatan frente a frente tlaxcaltecas contra samuráis en la misma batalla solo puede pasar en el Imperio español… O, al menos, “más o menos”. Lo cierto es que sí hubo un enfrentamiento, la batalla de Cagayán, y no son pocos los que la conocen como la icónica batalla que enfrentó a “españoles contra samuráis”. Un relato real… pero con algunos matices.

Juan Miguel Zunzunegui, divulgador, escritor, historiador, participante en “Hispanoamérica. Canto de vida y esperanza” e incluso “loco” -según se define en la web- ha conversado recientemente en el podcast de Unidos por la historia, Osos y Flamencos.

La última edición del programa presentado por la directora de la organización, Beatriz Paredes, abordó el pasado 18 de septiembre el “encuentro inesperado” que supuso la batalla de “tlaxcaltecas contra samuráis” en 1582.

Zunzunegui contextualizó el enfrentamiento en el marco de la expansión del Imperio español que, tras encontrarse con América, llegó a Asia y luego Filipinas, donde tuvo lugar el enfrentamiento.

Desde la llegada española, dijo Zunzunegui, Filipinas comenzó a prosperar pese a no ser un lugar rico. Especialmente por la ruta de ida y vuelta de la nao de China, cuando empieza a florecer el comercio con Malasia, Taiwán, China o Japón.

Ya desde el último tercio del siglo XVI, la región de las Filipinas se veía asaltada con frecuencia por los wakō, piratas japoneses y chinos que saqueaban las costas de las islas, bajo influencia de la Monarquía hispánica desde 1565.  

Desde 1573, los piratas mencionados –rōnin o samuráis sin señor-, intensificaron sus incursiones y comercio con las islas, conscientes de la creciente riqueza y prosperidad de la región favorecida por la presencia española.

Cagayán, la batalla entre dos identidades únicas

El historiador explica que una de las grandes particularidades de la batalla de Cagayán son las identidades que se enfrentaron, probablemente la única ocasión en la historia en que se enfrentaron tlaxcaltecas contra samuráis.

Sin embargo, mariza que la batalla no fue contra samuráis, sino contra rōnin.

Pero, ¿qué son los rōnin y qué los diferencia de los samuráis? Los samuráis son los nobles guerreros que luchan a las órdenes de un señor, un caballero con un señor al que sirve y con el que comparte la nobleza. Los rōnin son aquellos guerreros que se dedican a la guerra, pierden el favor de su señor y tienen que vivir del saqueo”, explica Zunzunegui.

Unos saqueos que no tardarían en llegar, y a los que tendría que hacer frente el capitán general de Filipinas al servicio de la corona española, Gonzalo de Valdepeñas, que tan solo contaba con unas 500 personas para defender la isla. Una tarea, según Zunzunegui, imposible de realizar.

Y es aquí donde entra en juego la segunda identidad que hace de Cagayán una batalla tan particular: los tlaxcaltecas.

“Hernán Cortés logró unir a todos los pueblos contra los mexicas y que 100.000 guerreros tomaran Tenochtitlan. De todos ellos, unos 800 o 1.000 serán españoles y los demás son texcocanos, tlaxcaltecas y otros”, explica el historiador.

Lo que nadie ubica, agrega, “es que esto es porque los tlaxcaltecas han firmado una alianza no con Hernán Cortés, sino que aceptan como soberano a Carlos y, por lo tanto, firman una alianza con la corona española, con la institución, -no con el aventurero- que permanece absolutamente a lo largo del tiempo”.

Una alianza que prosigue también hasta 1582, cuando la flota de los grandes conquistadores del imperio mexica, y ahora súbditos del emperador Carlos, arribó a unas islas Filipinas asediadas por piratas wakō.

La primera toma de posesión de la flota imperial sería la isla de Luzón, donde tendría lugar la batalla de Cagayán.

Dar la vida en combate, máxima aspiración de tlaxcaltecas y samuráis

Cuando llegaron, la playa ya estaba tomada por los rōnin, “samuráis sin señor”, que compartían con sus adversarios una cosmovisión, la del guerrero como un estilo de vida y honor.

El tlaxcalteca, dice Zunzunegui, dedica su vida a ser guerrero: en ser guerreros está su honor, pelean hasta morir. Los españoles están dispuestos a hacer todo lo que puedan en batalla, pero su intención es ganar y sobrevivir. El samurái y tlaxcalteca, en cambio, “comparten esa visión de ser guerreros como misión. Su mayor honor es morir en batalla, y qué mejor si van a morir por su señor: su señor era Felipe II”.

El especialista relata que, antes de entrar en combate, los rōnin estaban convencidos de que no habría quien los derrotase.

Y comenzó el combate.

Por su parte, el rōnin acudía ataviado con sus características armaduras metálicas engarzadas por partes y sus catanas, icónicas espadas curvas de acero templado.

Frente a ellos, se organizaban los guerreros tlaxcaltecas “color tierra”, con ojos también rasgados como parte de los pueblos nahuas, ataviados con una armadura cuya finalidad no era tanto la defensa corporal sino la representación del guerrero que albergaban.

“Son guerreros águilas, guerreros jaguar que llevan sus máscaras y trajes de plumas con ciertos petos que podían proteger algo, pero no de una catana. Debió ser espectacular ver a 5.000 [guerreros] vestidos de águilas con sus armas, la espada de obsidiana, de piedra afilada y negra incrustada a un gran tronco”, detalla Zunzunegui.

El resto es historia: los tlaxcaltecas lucharon hasta morir y la victoria fue para los imperiales españoles que derrotaron a los samuráis en la batalla, logrando que las Filipinas siguieron siendo parte del imperio.

La importancia de los tlaxcaltecas para el siglo XXI

El historiador mexicano concluye expresando su deseo de que la España del siglo XXI asimile la importancia de los tlaxcaltecas para el Imperio.

“Sería fascinante. Honraron la alianza con el imperio todo el tiempo, se declararon vasallos del rey desde en siglo XVI y lucharon en contra de las independencias en el siglo XIX. Fueron aliados de la corona de principio a fin y por eso en el México independiente les fue tan mal, porque comenzó [a calar] esta idea de que los tlaxcaltecas eran unos traidores”.

Pero, ¿qué traición?, plantea Zunzunegui para concluir. “Tlaxcala firmó un acuerdo con España y lo honró durante 300 años. Por eso construyeron el Camino Real de Tierra Adentro y construyeron de cero muchas de las grandes ciudades del actual México, llegando a Filipinas a combatir contra samuráis”, apunta.

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