Transcurridos casi 500 años, la cuestión de la conversión de los incas al cristianismo sigue generando polémica y no son pocos los que asumen acríticamente los postulados de la Leyenda Negra contra la Hispanidad. Se asume que la conversión fue del todo forzosa, fruto de la imposición por parte de los españoles y que esta terminó con un culto previo que nada tenía que ver con el cristianismo.
Un relato para el que Rafael Aita, más conocido en redes como Capitán Perú, se ha propuesto en desmentir, consagrado así una amplia trayectoria académica y divulgativa desmintiendo la Leyenda Negra, ensalzando la obra de la Hispanidad y rescatando y rescatando del olvido el pasado inca. Cazando mitos y Los incas hispanos son dos de sus obras donde aborda estos y otros aspectos, como también lo hace en su canal de YouTube y en otros donde es invitado, como recientemente sucedió en el de Pax Hispánica, uno de los principales canales de divulgación hispanista.
Preguntado por la conversión de los incas al cristianismo, Aita sintetizó 5 esclarecedoras razones y argumentos que facilitaron el proceso y que al mismo tiempo son toda una refutación de la Leyenda Negra:
1. La conversión de los incas al cristianismo, labor de los evangelizadores
Aita remarca que uno de los motivos que explica en primer lugar la conversión de los incas al cristianismo fue “definitivamente la labor de los evangelizadores, dominicos, franciscanos, agustinos y jesuitas, que supieron entender la realidad y la idiosincrasia inca”. Muchos cronistas, especialmente jesuitas, “describieron las coincidencias que encontraron entre el culto y las creencias incaicas con el Evangelio”. Unas coincidencias que aprovecharon para mostrar que “el Evangelio no era una imposición y ni siquiera ajeno”, sino más bien el cumplimiento de lo que antes de la llegada de España se había visto pues como sombras de culto”, apunta Capitán Perú.
2. Coincidencias entre el cristianismo y las creencias incas
El ingeniero y divulgador hispanista también aludió a las muchas coincidencias y para lelos entre las creencias incaicas y el mensaje del Evangelio como acelerador de la conversión del pueblo andino.
Y es que los incas, dice, no tuvieron un solo culto, sino una evolución en el mismo. Los incas creían en el sol, pero las crónicas también hablan de Pachacútec, el gran reformador, que hace un consejo de sacerdotes, los sacerdotes del sol, y les pregunta cómo si el sol, el amo, ordena, puede hacer siempre el mismo recorrido y ocultarse de noche.
Tras quedarse sin respuesta, explicó Capitán Perú, “Pachacútec explicó que existía un ordenador superior al sol a quien llamó Viracocha Pachayachachi, el que ordena el mundo”. Así se preparó el terreno para la creencia posterior en Jesucristo, “la luz del mundo, el sol que nace de lo alto” y que se narra en el cántico de Zacarías del primer capítulo de Lucas.
Este dice: «Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, nos visitará el sol que nace de lo alto, para iluminar a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte, para guiar nuestros pasos por el camino de la paz».
Solo así fue posible que los jesuitas, tras el comienzo de su evangelización, pudiesen comparar la figura de su ordenador del mundo, Viracocha Pachayachachi, con Jesucristo, mostrando así que el Evangelio era el cumplimiento de lo que los incas podían vislumbrar. “No solo se les hizo muy lógico, sino también muy político”, observa.
3. Intereses políticos y alianzas estratégicas
Precisamente aludiendo a este motivo, Aita subraya que la conversión de los incas al cristianismo también tuvo un marcado componente político. Ellos, explicó, “se dieron cuenta rápidamente de que para tener de aliados a los españoles tenían que bautizarse. Eso les permitiría también forjar sus alianzas y unirse en contra de enemigos en común, como en su momento fue Atahualpa, que era el enemigo común entre españoles y cusqueños”. De este modo, bautizarse no solo garantizaba su implicación espiritual, sino que por la hermandad que suponía entre peninsulares e indígenas también consistía en una suerte de alianza para consolidar ambas posiciones en el contexto de la conquista.

«Los incas hispanos«, una de las grandes obras de Capitán Perú, donde se abordan muchos de los motivos que facilitaron la conversión de los incas al cristianismo.
4. La conexión entre el sol y la Eucaristía
Uno de los mitos que Aita desmiente más rotundamente sobre la conversión de los incas al cristianismo es el de la imposición, demostrando desde la fe, las analogías religiosas e incluso desde la iconografía que “la conversión de los incas al cristianismo fue [un paso] lógico, un tránsito muy fluido entre las creencias prehispánicas y el cristianismo”.
Para él, no es casualidad que la mayor fiesta de Cuzco hasta el presente sea la del Corpus Christi, con abundantes implicaciones en la conversión de los incas.
“Los descendientes incas de aquella época creían en el sol, adoraban al sol, pero sabían que existía alguien por encima del sol que lo ordenaba. Entonces vienen los españoles y traen el Corpus, `el sol´ en una custodia, y les dicen que es Jesús encarnado, eucaristizado”, remarca. Un proceso que a juicio del divulgador llevó a considerar a los incas que la Eucaristía era lo que siempre habían creído y adorado, pero habiendo “cobrado plenitud con el Evangelio”.
5. La persistencia del cristianismo tras el pasado virreinal
Frente al mito de la imposición, Rafael Aita concluye su argumentación remarcando que la conversión de los incas al cristianismo se explica por su misma pervivencia.
Si la conversión hubiera sido forzada, ¿por qué los descendientes de los incas siguieron siendo católicos incluso 200 años después de la independencia? En Perú siguen siendo más católicos que la misma España, lo que se plasma en las procesiones, en la devoción, en las fiestas y en la asistencia masiva a la Iglesia, aspectos que demuestran que el cristianismo echó raíces profundas en el área andina, mucho más allá de la imposición.

`Cazando mitos. Lo que no te contaron en las clases de historia del Perú (Alfaguara), de Rafael Aita.
6º El cristianismo, puente de unión de incas y españoles
Entre las principales conclusiones, se deben remarcar los argumentos de Rafael Aita negando que la conversión de los incas al cristianismo fuese un simple acto de imposición. Por el contrario, se trató de un proceso de asimilación en el que se dieron la mano multitud de “coincidencias” para unos y sagacidad e intervención providencial para otros, en el que lo espiritual, lo político y lo cultural terminaron por apuntar a la misma conversión. Una conversión que siglos después de las independencias, hizo pervivir la devoción cristiana en el área andina como el testimonio vivo del encuentro de dos mundos enlazados por la fe.
