Simbología y milagros del manto de la Virgen de Guadalupe.

Los símbolos del manto de la Virgen de Guadalupe y los milagros de la tilma de Juan Diego, según los expertos

Conforme se aproximan los 500 años de las apariciones del Tepeyac, el manto de la Virgen de Guadalupe y sus milagros siguen siendo uno de los mayores misterios que la ciencia no logra desvelar. Con motivo de la fiesta en honor a la Guadalupana de este 12 de diciembre, La Hispanidad ofrece una síntesis de la simbología y milagros de la tilma de Juan Diego, expuesta por estudiosos y especialistas como Andrés Brito, la escritora Elisa Queijeiro o el doctor Arturo Rocha Cortés, entre otros, que recientemente ha conversado con el padre Ambrose Criste para la serie de St. Michael’s Abbey en torno a la novena de la Virgen de Guadalupe.

La imperfección de la costura que aporta gracia y volumen

Uno de los aspectos que destacan los estudiosos es un hecho tan anecdótico como revelador, y es que la costura que cruza la tilma de un lado a otro, es esquivada por la Virgen al inclinar la cabeza, de modo que, en lugar de desfigurar su rostro, contribuye de hecho a realzar la belleza de la imagen. En palabras del doctor Brito, las propias imperfecciones añaden gracia y volumen a los rasgos de la Virgen, algo que se aprecia en como un nudo de los hilos aporta volumen al labio inferior de Nuestra Señora.

Una tilma imperfecta y sin preparación que realza la belleza

Otro aspecto que destacan los especialistas es la ausencia de preparación de la tilma, llena de imperfecciones, costuras y nudos que cualquier pintor habría necesitado una preparación a base de materiales de imprimación que recubrieran las imperfecciones y conservasen el color. Sin embargo, la tilma no lo estaba y carecía de ningún material o textura que pudiese evitar que las imperfecciones dañasen lo que se iba a reflejar en ella. Es por eso que, como en el mencionado caso del labio, se dice de la tilma que la Virgen de Guadalupe aprovechó dichas imperfecciones para realzar su belleza.

El manto de la Virgen de Guadalupe, una imagen imposible

Brito, experto en la Sábana Santa, define tanto esta como la tilma de Guadalupe como “imágenes imposibles”, ya que no hay posibilidad material de que sean realizadas por mano humana. Esto, explica, se debe a que lo que hay en la tilma no es pintura y tampoco hay rastro de pincel. De alguna manera, y como sucede en el sudario de Turín, “es como si la imagen estuviera fotocopiada, serigrafiada, encima de la tela, lo cual no tiene explicación”. La humanista y escritora Elisa Queijeiro lo explica con el término de “impronta”. “No está impreso ni está pintado, está improntado: no tiene trazo, es una sola imagen que se impronta en una tilma”, explica.

El cabello de una virgen

El doctor Arturo Rocha considera que la tilma de la Virgen de Guadalupe es uno de los mayores ejemplos de inculturación con vocación evangelizadora. En sus propias palabras, la inculturación se trata de comunicar el Evangelio con categorías ya existentes en la cultura que va a recibir estos mensajes, traduciéndolo a categorías que los indígenas pudiesen entender mejor. Y es algo que se observa en cada elemento iconográfico de la tilma, empezando por el mismo cabello de la Virgen, que aparece suelto, sin recoger, lo que según los códices representa a una mujer virgen y no casada. De esta forma, cuando un indígena observa la imagen, comprende de inmediato que se trata de una mujer virgen.

Y siendo Virgen, está embarazada

Si se comprende la virginidad con un simple vistazo, ocurre lo mismo con un embarazo aparentemente imposible, que se representa con el ceñidor, la cinta negra, que anunciaba su espera del nacimiento.

Madre de Cristo y de la Verdad

Otro de los análisis iconográficos es el del broche de Jade que la Virgen lleva al cuello, con una cruz. Para algunos, simboliza un reflejo de la divinidad, ya que el Jade era una piedra semipreciosa que se pulía para hacer espejos. Se le atribuían cualidades divinas, porque podía mostrar el reflejo de la imagen del que se miraba sobre la piedra. Un broche de jade que, además, tiene una cruz inscrita, la misma que los indígenas veían en estandartes y velas de los conquistadores, asociando a la Virgen con los españoles que llegaban a América.

Para otros, como el doctor Rocha, la clave se encuentra también en la traducción al náhuatl de este broche, el cozcatl (collar) o pepeyoctli (pinjante), una metáfora que designar designaba entonces a la vida naciente.

Cuando un niño llegaba al seno de un hogar, se decía en poesía, nos ha llegado del dios un collar y un prendedor. Solo que el collar y el prendedor que lleva la Virgen el cuello va signado con la cruz de Cristo. Es para decir que, siendo virgen, porque lleva el cabello suelto, está embarazada. Y embarazada de Dios, un niño, Cristo”.

Otra asociación con la divinidad del embarazo de María es el significado de esa “flor y canto” para los indígenas. “La forma que ellos tenían de comulgar con las realidades absolutas y profundas era a través del canto, a través de la palabra sublimada en el canto. Pero el canto sublimado solo podía llegar a los dioses a través de una flor, porque la flor era la expresión perfecta de la raíz”, esto es, para los indígenas, “la verdad”.

Las manos unidas, ¿símbolo de oración?

La Virgen de Guadalupe aparece en la tilma con las manos unidas, lo que muchos interpretan como un gesto de oración. Sin embargo, los estudiosos advierten de que, más que una oración, representa una ofrenda. Al colocar así las manos, lo que los mexicas anunciaban era que se portaba un regalo u obsequio. Se trataba de comprender cuál era ese regalo.

Para el doctor Rocha, la forma en que aparecen representadas las manos tiene otra lectura, no necesariamente contraria, sino complementaria.

Con los ojos de la inculturación, es posible ver cómo una mano es blanca y delgada y otra es gruesa y morena, representando respectivamente a los españoles y los amerindios.

“María, con este movimiento unitivo de sus manos, está en el crisol de su amor de madre uniendo a los dos pueblos que otrora vivían en disensión. Hace lo mismo que San Pablo proclamó de Cristo en Efesios, `Porque Cristo es nuestra paz; él ha unido a los dos pueblos en uno solo, derribando el muro de enemistad que los separaba´. ¿Y dónde está la perfecta síntesis? Ese crisol de pueblos se traduce en el “café con leche” de la piel de la madre. No es una indígena, no lo es. Y tampoco es una europea, no lo es. Es las dos cosas”.

El Nahui ollin, anuncio del dueño del cielo y tierra

Otro de los símbolos es el Nahui ollin, la flor de 4 pétalos representada en el vientre de la Virgen y que representa a Ometéotl, considerado por los mexicas el mismo sol, “el dador de la vida”, “el creador de las personas” o “el dueño del cielo y de la tierra”. Esto sería sin duda otro de los elementos que confirmarían directamente a los indígenas que ese regalo que les traía la Virgen, ese embarazo y ese Cristo y esa “verdad” que también representaba la flor, no era otro que “el verdaderísimo Dios por quien se vive”, Dios mismo y el creador del universo.

Un mensaje cristocéntrico

Para Rocha, es fundamental remarcar que toda la simbología de Guadalupe, especialmente el Nahui ollin, transmiten no el protagonismo de María, sino de su mensaje cristocéntrico:

En este hermoso mensaje de inculturación, dice el especialista, vemos que la Virgen lleva en su vientre un símbolo del sol, porque Jesús es el sol de justicia que todo lo ilumina con su luz, que todo lo calienta con su calor, categorías que resultaban elocuentes al indígena y a la vez una sutil cristología. Que ella es portadora del verdadero Sol de Justicia y Dios Supremo, que viene a superar y a dar plenitud a todo lo creado se refleja, del mismo modo, con otra representación solar. En este caso, con los rayos que nimban toda su figura.

La rodilla levantada, María orante

Lejos de ser estática, se observa cierto movimiento en la Virgen de Guadalupe, especialmente en su rodilla derecha, ligeramente levantada, desvelando ligeramente el pie derecho y su actitud orante, pues la danza era para los indígenas la forma suprema de adoración. De ello surge la conclusión de que la propia María, bailando, estaría adorando a Dios, -Ometéotl, en la visión indígena- que ella trae de regalo a ambos mundos. Y al mismo tiempo, el indígena que la contemplase interpretaría de inmediato que el que viene tras María es más poderoso, pues es ella la que lo está adorando.   

El poder de María, emperatriz

Si la Virgen de Guadalupe es conocida como la emperatriz de las Américas no es sin fundamento. Una de sus primitivas explicaciones se encuentra en el color del manto, azul verdoso y repleto de estrellas. Una prenda y color que estarían reservados a los tlatoani, grandes mandatarios y emperadores mexicas que se hacían valedores del cielo, azul, y la vida, representada con el verde.

En el ombligo de la luna y el nombre del imperio

Otro de los grandes iconos de la tilma será la luna como suelo sobre el que se sitúa la Virgen. En un análisis terminológico del náhuatl, Rocha Cortés detalla los significados de Meztli, luna, Xichtli, ombligo, y el locativo “co”, que aglutinados en un solo término dan como resultado “Me-xi-co”, en el ombligo de la luna, en su mitad. El mensaje captado por el indígena no daría lugar a dudas: “Esta mujer, siendo virgen, está embarazada de Dios mismo, y ha venido a traerlo a México”.

El ángel que la sostiene

En último lugar, sosteniendo la luna y a su vez a Nuestra Señora, aparece una figura aparentemente angelical, emulando a los ángeles que acompañan a María en sus imágenes y representaciones. Sin embargo, hay ciertas diferencias que pronto delatan que no se trata de un ángel. La cara de anciano, la calvicie, vestido de color rojo y alas… Se cree que dicho ángel podría representar a Juan Diego, que en el momento de las apariciones tendría unos 57 años y que, pese al citado nombre cristiano, en náhuatl se llamaba Cuauahtlatoatzin, que significa “el que habla como un águila”.

Según el portal Camino de Guadalupe, dicho ángel representa a Cuauhtehuámitl, cuyas alas azules, blancas y rojas, de colores sagrados, lo asemejan a la “serpiente emplumada” o Quetzalcóatl, en la cúspide del panteón de dioses mexicas.

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