El historiador mexicano Eduardo Ángel Cruz, doctor por la División de Historia del Centro de Investigación de Docencia Económicas (CIDE), ha sido reconocido con el premio a la mejor tesis doctoral de 2024 en torno a los santos de la Hispanidad, otorgado por el Instituto Sangalli per la Storia e le Culture Religiose (Florencia, Italia).
Su investigación, La Conquista del Cielo: Santos, Canonizaciones e Imaginación Política, arroja luz sobre un aspecto poco conocido pero fundamental en la consolidación de la Monarquía Hispánica: el papel de los santos de la Monarquía Hispánica y las canonizaciones como elemento unificador del imperio español.
El sorprendente dato sobre las canonizaciones españolas
Uno de los datos más llamativos aportados por el historiador en su tesis y remarcados en una de las últimas entregas del programa Trincheras ocultas es la abrumadora mayoría de declaración de santos españoles a lo largo del siglo XVII.
Desde el nacimiento de la Congregación de ritos -conocida hoy como Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, anteriormente Congregación para las Indulgencias- en 1588 y el fin del periodo de los Austrias, “se ha calculado que cerca del 60% de los santos canonizados son de origen español”. Es decir, seis de cada diez canonizaciones eran de santos de la Hispanidad.
Los santos de la Hispanidad como elemento cohesionador
Otro de los aspectos que destaca Eduardo Ángel Cruz es el papel de los santos de la Hispanidad como elemento de cohesión.
Meditando en torno a la perpetuación cultural de una monarquía-imperio tan compleja, desarrollada y diversa como la hispánica, menciona que “no existía una necesidad de unidad total, pero sí una conciencia de pertenencia” y la cuestión, agrega, “era cómo hacer eso tangible”.
Es aquí cuando cobran especial relevancia los santos. Y concretamente el culto a los santos, lo que para él fue la forma más adecuada de hacerlo, a través de una religió católica que no solo admite, sino que contribuye a la diversidad.
“Cada región puede tener su propio santo, pero al mismo tiempo puede tener distintos santos de otras regiones. Entonces no es incompatible el orgullo local con que existan otros santos, otros cultos igual de milagrosos, pero de una región más amplia que puede ser la monarquía hispánica o el reino de Portugal”, explicó.
Para el autor de la tesis La Conquista del Cielo: Santos, Canonizaciones e Imaginación Política, es el modo de que, aunque sean muchos los no pudiesen viajar a todas partes del mundo, sí que podían escuchar acerca de los milagros que está haciendo un santo para combatir los herejes en Asia, al gran sultán en los santos lugares de Jerusalén…
“Así es como la gente que no tiene ni idea de que existen y dónde están estas partes de Jerusalén y de las Filipinas y del Japón se enteran de todo esto en sus casas gracias a esto, a las historias de los santos que llegan a pedir limosna a su casa”.
“Para mí, esta conciencia de unidad detrás del del catolicismo es lo que hace que todas estas naciones que hoy día son independientes tengan conciencias globales”, remarcó.
La transformación de los santos tras las independencias
Un aspecto fascinante del estudio es cómo estos santos imperiales se transformaron tras las independencias de las colonias americanas. «Lo que antes eran santos imperiales se vuelven santos que van a encarnar las nuevas naciones», explica Cruz.
El caso más emblemático es el de Santa Rosa de Lima, «la primera santa canonizada del Nuevo Mundo», que «fue celebrada por el papado y por la monarquía como una santa del imperio español, pero después se vuelve la santa peruana por excelencia».
Cruz también destaca el caso de San Martín de Porres, un santo peruano de origen africano que, aunque no alcanzó la beatificación durante el periodo colonial, posteriormente «se vuelve un santo que encarna la idea de la raza africana, constantemente ignorada en los discursos revisionistas historiográficos».
La investigación de Eduardo Ángel Cruz demuestra cómo la religión, y específicamente el culto a los santos, sirvió como una poderosa herramienta política para la Monarquía Hispánica, creando símbolos que, aunque potentes, eran lo suficientemente flexibles como para ser reinterpretados según los cambiantes contextos históricos.
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