Entre el 14 y el 16 de octubre, en el marco de la celebración del día de la Hispanidad de 2024, el Centro CEU de Estudios, Formación y Análisis Social (CEU-CEFAS) y la Universidad CEU Fernando III organizaron en Sevilla el congreso La Hispanidad: un futuro compartido.
En el encuentro se proyectó la película ‘Hispanoamérica. Canto de vida y esperanza’ del director José Luis López-Linares, antes del comienzo de los paneles donde los especialistas profundizaron en el concepto, historia, desarrollo y actualidad de la Hispanidad.
Uno de los paneles se desarrolló bajo el título de “Hispanoamérica, una historia común”, congregando al doctor de Historia y antiguo decano de la Facultad de Letras y Ciencias Humanas de la Pontificia Universidad Católica de Perú, José de la Puente Brunke; la directora del Instituto CEU-CEFAS de Estudios Americanos y de la Cátedra Casa de Austria del Instituto CEU de Estudios Históricos, Consuelo Martínez-Sicluna; y la directora de la Cátedra Internacional CEU Elcano y profesora titular de Historia de América de la Universidad CEU San Pablo, María Saavedra Inaraja.
El replanteamiento de América por parte del escritor uruguayo José Enrique Rodó y las concomitancias que su discurso puede tener en la actualidad marcaron toda la ponencia de Saavedra.
La académica aludió a la efervescencia del momento presente en lo relativo a un replanteamiento que estaría construyendo “una revisión de toda nuestra historia” al margen de las leyendas negra o rosa.
Las otras revisiones: de las independencias a la Crisis del 98
Algo que, como reiteró a lo largo de su ponencia, ya sucedió en varias ocasiones a lo largo de la historia, como lo mostró el episodio de las independencias de la América española, momento en que se repensó el pasado español en América, pero con un trasfondo “negativo” y, en ocasiones, “agresivo”.
Otro de los momentos cruciales en relación al replanteamiento de la América española a juicio de Saavedra fue la conocida como “Crisis del 98”, cuando España asistió a su derrota y pérdida de los últimos territorios de ultramar.
En esta ocasión, la académica cifró como entre muchos de los pensadores e intelectuales se situó a los Estados Unidos como “enemigo común”, pues “al final no se trataba de la independencia, [sino de la] ocupación por parte de los Estados Unidos de los últimos territorios de la Monarquía hispánica”. Y esto, agregó, “es de alguna manera uno de esos puntos críticos en los cuales se repiensa la realidad del pasado y la identidad americana”.
Rodó frente al colonialismo intelectual estadounidense
En este momento propicio para el desarrollo intelectual respecto a América y España surgió un movimiento articulado en torno al pensados y escritor José Enrique Rodó, conocedor de los aspectos negativos que afectaban a ambos mundos, España y las nuevas repúblicas americanas.
“Trató de recuperar una fuerza basada en los elementos comunes que ha dejado España y que aún comparten con España, la lengua, la cultura hispánica. Y de alguna manera convierte su obra en el soporte para resistir un colonialismo intelectual estadounidense en los territorios de Hispanoamérica”, detalló la académica.
De esta manera, Saavedra comparó el nuevo hispanismo nacido en torno a José Enrique Rodó con el renacer actual de organizaciones hispanistas que actúan como “respuesta y reacción a muchos años en los que se ha criticado y caído en la Leyenda Negra”.
Precisamente una de las obras cumbres de Rodó, Ariel, es uno de esos ejemplos de comienzos del siglo XX en que se reivindica desde la intelectualidad “el ideal y la esencia de la cultura hispanoamericana, lo que tenemos en común todos los hispanoamericanos, el legado español: tenemos una lengua y una cultura que no solo nos une a nosotros, sino que además nos une con España”, explica Saavedra, en referencia a las herramientas para “resistir la posible colonización intelectual estadounidense” aludida por Rodó.

Ariel, de José Enrique Rodó, vertebró la ponencia de Saavedra en el congreso La Hispanidad: un futuro compartido.
Del «me duele España» al renacer de la cultura hispánica
En este sentido, Saavedra profundizó en el contacto epistolar del pensador uruguayo con grandes autores de la Generación del 98 o del 14 como Leopoldo Alas, Clarín, Unamuno o Juan Ramón Jiménez, expresión del “Me duele España” pronunciado por Unamuno.
“Es la expresión más vital, profunda y honda de la crisis interior que ocurre en España a partir del 98. La pérdida del 98 no fue mucho mayor que la de 1824”, subraya Saavedra, pero con la diferencia de que a finales de siglo, “España estaba adormecida, estancada, envejeciendo”.
En este contexto, las cartas de Rodó fueron un bálsamo de esperanza para los españoles.
“Cuando empiecen los españoles a recibir esas cartas de Rodó llenas de energía, de apoyo, de ganas, de impulsar el legado español y la cultura hispánica, de alguna manera recuperan la fe en que puede ser posible un renacer de la cultura hispana”, menciona Saavedra.
Hispanoamérica, ¿origen del renacer?
Cuestión aparte pero también de actualidad y rescatada por la académica es la de qué procedencia debería tener esa regeneración hispana.
En el caso de Rodó y muchos de los intelectuales que se rodeaban, estaban convencidos de que esa regeneración y renacimiento no debía partir tanto de España como de Hispanoamérica.
“La cultura hispánica se ha ido estableciendo en los distintos países que ahora son las repúblicas americanas. En cada uno de esos territorios se han desarrollado unos matices diferentes. Tenemos una parte que nos une y que es la más fuerte, pero también tenemos lo que ha ido enriqueciendo ese legado español en cada uno de los territorios que hoy son las repúblicas”, comenta.

Rodó, dijo Saavedra, «trató de recuperar una fuerza basada en los elementos comunes que ha dejado España y que aún comparten con España, la lengua, la cultura hispánica».
El peligro del hispanismo
Otro aspecto relevante al que aludió Saavedra es el del “peligro” que advierten Rodó o Unamuno en la intelectualidad española: el convencimiento de que “España ya era anciana, envejecida y se había quedado atrás, y de que, si queremos integrarnos en la Europa fortalecida, que crece y que empieza a ser motor de la realidad cultural, quizá debamos renunciar a este pasado que ya es caduco para subir al tren de la modernidad”.
Rodó respondió tajante: “No podemos renunciar, vosotros -los españoles- no podéis renunciar. Lo que hay que buscar es la manera de redefinir, de reforzar, de volver a impulsar esa realidad hispana”.
Una realidad que Rodó abordó de múltiples formas, incluso desde el ámbito terminológico, al subrayar la preferencia del término “hispanoamericano” al de “latinoamericano”.
“Es verdad que nosotros somos fruto del mundo romano, pero es que el mundo romano nos lo trajo España”, planteaba.
La Hispanidad: un futuro compartido
Antes de concluir, Saavedra citó una de las muchas cartas de Rodó a modo de auténticas apologías de la Hispanidad, como lo es la escrita a Leopoldo Alas Clarín en 1897, y que decía así:
“Por lo mismo que soy americano apasionado, convencidísimo de la grandeza del porvenir de esta tierra bendecida por la naturaleza, y por lo mismo que mi sentimiento patriótico es vivísimo, amo a España y la creo indisolublemente vinculada a nosotros en el pasado, en el presente y en el porvenir, hasta el punto de que las glorias de España me enorgullecen como cosa propia y me entristecen sus infortunios como los de los míos”.
Un texto que, a juicio de Inaraja, podría suscribirse hoy, en un momento en el que “tenemos que repensar la relación con los países de habla hispana, la fuerza que tenemos y construir juntos un futuro con la fuerza que nos da esa grandísima comunidad que formamos los hispanohablantes”, concluye.
Las ponencias de Consuelo Martínez-Sicluna, José de la Puente Brunke y María Saavedra Inaraja en el congreso La Hispanidad: un futuro compartido.
