Desde la llegada de Cristóbal Colón a América en 1492, España emprendió una épica misión de evangelización y promoción cultural en el continente, un esfuerzo que pretendió no solo iluminar el continente americano con la luz del evangelio, sino también la integración social y cultural de sus habitantes en la Corona española.
La tarea evangelizadora y de promoción cultural de España en América
El protagonismo de las órdenes religiosas -particularmente franciscanos, dominicos y jesuitas- fue decisivo en esta labor, dado que establecieron misiones, construyeron iglesias y escuelas, estudiaron las lenguas indígenas y tradujeron a estos idiomas los textos religiosos que llevaron de Europa. Como observó el historiador norteamericano William H. Prescott, el proyecto evangelizador español pretendía introducir “una nueva forma de vida” que, en su visión, resultaría de la convergencia de las culturas locales hacia un marco espiritual y social cristiano.
Este proceso de transformación social y cultural no fue homogéneo ni exento de tensiones. Los misioneros enseñaron nuevas técnicas agrícolas, oficios y artes, y fomentaron la educación entre los indígenas, en un intento por consolidar una convivencia estable y productiva.
Según Octavio Paz, la colonización representaba «un encuentro y un desencuentro», pues si bien hubo una transferencia de conocimientos y valores, esta coexistencia implicaba una compleja fusión entre razas, lenguas y culturas. Frecuentemente, los pueblos indígenas colaboraron con los españoles para superar las resistencias internas, facilitando así el avance de la evangelización en algunos territorios. Como señaló el sociólogo cubano Manuel Moreno Fraginals, la expansión de esta tarea representaba “un proceso de aculturación constante”, caracterizado tanto por el conflicto como por la cooperación.
El ideal de la Hispanidad como Proyecto de hermanamiento
A lo largo del tiempo, el concepto de Hispanidad ha evolucionado hasta convertirse en un ideal de unión y fraternidad entre España y las naciones hispanoamericanas, basándose en una herencia común de fe católica y cultura hispánica.
Este concepto se origina en la visión de una comunidad unida por valores, historia y tradiciones compartidas, en un intento por construir una identidad transnacional que supere las divisiones geográficas y políticas. Intelectuales españoles como Miguel de Unamuno y Ramiro de Maeztu revitalizaron en el siglo XX la idea de la Hispanidad como un vínculo espiritual y cultural entre pueblos hermanos. Según Unamuno, la Hispanidad es ante todo un sentimiento de comunidad de almas, en tanto que Maeztu describió este proyecto como una misión que España tiene para con la humanidad, sugiriendo que la Hispanidad tiene un papel moral y cultural de alcance universal.
A mediados del siglo XX, cuando España se entendió a sí misma como “una unidad de destino en lo universal”, la Hispanidad se manifestó a través de iniciativas culturales, educativas y políticas, orientadas a fortalecer los vínculos entre los países de habla hispana. Este proyecto de hermanamiento no sólo buscaba promover una colaboración recíproca entre naciones hermanas, sino también reafirmar un ideal de civilización y cultura compartida.
Como afirmaba el mejicano José Vasconcelos en su célebre ensayo sobre la «raza cósmica», la Hispanidad se concibe como un proyecto que integra diversas razas y culturas en un esfuerzo por construir una identidad unificada en el ámbito hispanoamericano.
El futuro de la Hispanidad a la luz de la Gran Promesa recibida por el Beato Bernardo de Hoyos
El estudiante jesuita vallisoletano Bernardo de Hoyos recibió la “Gran Promesa” en 1733. El relato de este religioso, beatificado a instancias del Papa Benedicto XVI en 2010, ofrece una profunda esperanza al movimiento hispánico.
Hoyos se quejaba al Señor en su oración de que la devoción al Sagrado Corazón no había penetrado en España, al contrario que en Francia, donde la tarea de los jesuitas había contribuido a su difusión. El Señor se le apareció, como la Biblia refiere que se apareció resucitado a los apóstoles o a María Magdalena, y le transmitió este mensaje sorprendente: “Reinaré en España y con más veneración que en otras partes”.
La Gran Promesa ofrece una perspectiva trascendental sobre el futuro de la Hispanidad, que no ha de entenderse sólo como una alianza de intereses económicos o políticos, sino -sobre todo- como un proyecto de hermanamiento espiritual, fruto de una evangelización más plena y más profunda de nuestras naciones, un resultado que esperamos más como efecto de la gracia divina, que de la astucia o genialidad de los hombres.
Marcelino Menéndez Pelayo explicó magistralmente en el Epílogo de su Manual de heterodoxos españoles que la fe católica fue la que hizo de nosotros un gran pueblo, y que no hemos de esperar que ninguna otra cosa será capaz de ayudarnos a superar las diferencias que persisten entre nosotros.
La Gran Promesa parece extenderse no sólo a la España peninsular, sino también a todos aquellos territorios que integraban el Imperio español en el siglo XVIII, incluyendo Hispanoamérica, Filipinas y algunas partes de África.
La visión de Hoyos resuena como un mensaje de esperanza para la comunidad hispánica, evocando la posibilidad de una unión espiritual que inspire a las generaciones futuras en la construcción de una sociedad basada en valores comunes y una herencia cultural compartida.
En la actualidad, la Hispanidad puede ser vista como un proyecto vivo y fuerte, orientado a renovar y profundizar los lazos entre las naciones hispanoamericanas y España. La devoción al Sagrado Corazón de Jesús, impulsada por Hoyos, podría ser entendida, en palabras del pensador Henri Bergson, como una manifestación de la «energía espiritual» que une a los individuos en una aspiración común hacia el bien y la justicia. Así, el ideal de Hispanidad no es solamente una celebración de la cultura y la fe compartidas, sino también una promesa de colaboración y fraternidad entre los pueblos, sustentada en la común filiación divina que hemos recibido en el Bautismo.
Manuel Vargas Cano de Santayana es sacerdote de la Diócesis de Getafe (España)
