Como escritor y divulgador, el abogado Luis Antequera ha dedicado las últimas décadas de su vida a la difusión del mensaje cristiano y de la Hispanidad a través de ponencias, libros y una ingente labor investigadora. Es autor de miles de artículos publicados en medios de comunicación, conferenciante, contertulio en programas como Diálogos con la Ciencia y En forma y autor, entre otros, de libros como Jesús en el Corán (2006), El cristianismo desvelado (2007), Crucifixión (2023), Cristianofobia (2016) o Derecho a nacer (2010). Uno de sus últimos libros, Historia desconocida del Descubrimiento de América (2022), es la muestra de su pasión por la verdad histórica que también difunde hasta el día de hoy en conferencias presenciales y virtuales.
Una de sus últimas charlas la ofreció el pasado 20 de febrero en Madrid, de la mano de la principal organización divulgadora de la verdad histórica en materia hispana, Héroes de Cavite.
En la ponencia, sintética y didáctica, desarrolló lo que considera los cinco pilares de la leyenda negra. Leyenda que, a su juicio, no solo “está más viva que en otros momentos de nuestra historia”, sino que además y salvo contadas excepciones, “no conoce oposición”. Extraemos las cinco grandes conclusiones de la ponencia:
1º La expulsión de los judíos, el primero de los pilares de la leyenda negra
La expulsión de los judíos es para Antequera el primero de los pilares de la leyenda negra, pues aunque actualmente “parece que España hubiera sido el único país del mundo” en el que ocurrió, lo cierto es que “fue uno de 22 países y [España] ni es la primera ni es la última.
En este argumento, el escritor diferencia los conceptos de expulsión y el de ataque, regresión o incluso exterminio.
“La expulsión vino dada por una ordenanza que determina que los judíos deben abandonar España. No se les agredió, ni quemó, no se les atacó, no se les mató, no es un atentado de tipo racista ni se dijo que todo el que tenga raza judía debía dejar España, sino que todo el que siga practicando la religión judía no podía seguir en España”, matizaba Antequera.
También puso en contexto las cifras auténticas de dicha expulsión. En primer lugar, incidió en que para el año de la orden, en 1492, la población judía ascendía a los 300.000 en una potencia de 7 millones de habitantes. ¿Cuántos se fueron? Aunque las cifras más elevadas, como la aportada por Joseph Pérez y Maribel Peris, elevan a 200.000 los expulsados, otros como Julio Valdeón la reducen a un 10% de la propuesta, tan solo 20.000. Tomando como cierta esta última, Antequera ofreció una interesante perspectiva para analizar si estos eran “muchos o pocos”, lo que hizo aludiendo al famoso Hispania non placet mencionado por Erasmo de Rotterdam en una carta que decía:
“España no me gusta. Alemania, con sus estufas y sus caminos infectados de bandidos, no me dice nada tampoco. Aquí, en Lovaina, demasiados ladridos y ninguna recompensa: aunque tuviera el mayor deseo de ello, no podría mantenerme aquí demasiado tiempo. En cuanto a Inglaterra, me asustan sus motines y me horroriza la servidumbre”.
En esas primeras palabras, España era sin embargo la única nación de la que no daba explicaciones de su rechazo. Habría que esperar a una siguiente carta para saberlo hasta 28 años después de la expulsión, donde se encuentra el motivo:
“Los judíos abundan en Italia, en España apenas hay cristianos. Tengo miedo de que la ocasión presente haga que vuelva a levantar su cabeza esa hidra que ya ha sido sofocada”.
Erasmo no quiso venir a España porque estaba repleta de judíos, subrayó Antequera, lo que da una idea de si fueron muchos los que abandonaron España o si no fueron tantos. “Muchos se quedaron y muchas personas en Europa suficientemente versadas seguían teniendo la impresión de que España era un país de judíos”, agregaba.
2º La Inquisición
Antequera abordó acto seguido el que según él es quizá “el más potente” de los pilares de la leyenda negra, la Inquisición, “un tribunal” que caracterizó en primera instancia por su “absoluta independencia” respecto del monarca, cuya “interferencia” sobre la misma se limitaba al nombramiento del gran inquisidor.
Hablando de la exclusividad de la Inquisición a la hora de plantear la justicia, destacó de ella el proceso judicial escrito, caso prácticamente único en su contexto, así como su observancia de todas las fases del procedimiento judicial, que quedaban registradas. “Todo quedó escrito y de todo se levantaba acta, hasta del tormento, [siendo] obligatorio que estuviera presente un escribano” durante el mismo.
Antes de abordar las cifras de “víctimas” o ajusticiados por la Inquisición, Antequera matizó previamente que la de esta institución era “la jurisdicción más amplia que haya tenido jamás un tribunal en la historia”, al estar vigente en España, Italia, Portugal o América.
Teniendo en cuenta la amplitud de los territorios donde estaba vigente, el ponente se sorprendía de que, tras tres siglos de historia, el mayor líbelo contra la Inquisición escrito por su “máximo enemigo”, el afrancesado Juan Antonio Llorente, no se mencionasen más que 30.000 ajusticiados desde 1478 hasta 1812.
Antequera detalla como, a día de hoy, “ningún historiador habla de más de 3.000 víctimas del tribunal con la mayor jurisdicción de toda la historia de la humanidad y vigente durante tres siglos y medio”.
Hablando de cifras, compara las de la Inquisición española con algunos procesos de persecución europeos contemporáneos a la misma, como la noche de San Bartolomé, en París.
“En una sola noche, sin mediar ningún tipo de juicio, fue una decisión que se tomó entre la madre y el sucesor al trono francés de eliminar a los protestantes que deambulaban por París. 20.000 víctimas en una sola noche. No hay juicios”, explicó antes de agregar otro ejemplo: “Revolución francesa, 17.000 víctimas en París a lo largo de un año y medio, seis veces las víctimas del tribunal de la Inquisición en tres siglos”, enumeró.
Mencionó también el caso de la Vendée, ejemplo de “proceso de represión de tipo religioso anticatólico” durante la Revolución francesa, en el que se dieron 200.000 víctimas, 60 veces el número de los ajusticiados por la Inquisición española en tres siglos y medio.
3º Bartolomé de las Casas
Antequera describió al “gran actor de la leyenda negra antiespañola”, que comenzó siendo un misionero de la orden de dominicos, primera que se implanta en América con los franciscanos.
Desde el primer momento, detalló, “acometen la defensa del indígena, lo llevaban en su ADN, defender al indígena de todo abuso que se pueda producir frente a otros españoles en actitud distinta de la nuestra”, pensaban.
Antequera destacó a Las Casas como un prolífico escritor, autor de una veintena de obras que vio encumbrada una de ellas, la Brevísima relación de la destrucción de las Indias. Una obra, dijo, que “incurre en inexplicables, inaceptables e intolerables exageraciones, como decir que productor de la acción española en América se va a producir el exterminio de 20 millones de habitantes en América”.
Un dato que el ponente cuestionó en primer lugar por la imposibilidad de saber el número total de pobladores de América, que los historiadores hacen oscilar entre los 13 y los 100 millones, siendo lo más probable para Antequera que la cifra real estuviese entre 25 y 30 millones.
Y Bartolomé, “sin haber conocido siquiera el final de la conquista ni todos los territorios en los que estos hechos estaban produciéndose, establece que el `exterminio español´ ha ascendido a 20 millones de indígenas. Es un completo disparate”, sentencia.
Un “disparate” que, sin embargo, sería “muy conveniente para Guillermo de Orange” y que será “el primero que se va a hacer eco y darse cuenta de las posibilidades inmensas que tiene el líbelo que acaba de escribir un fraile perdido en cualquier lugar de América”.
No se equivocaba: según expone el ponente, en las dos décadas que transcurren entre 1578 y 1598, el libro asistirá a cinco traducciones, la primera al flamenco, luego al francés, al alemán, al inglés y al latín. En el curso de estos 20 años o poco más, 62 ediciones. “Y esto es lo que va a situar a Bartolomé de las Casas en la historia, estas exageraciones que vertió en este libro y que tantos de los que odiaban a España, competían o querían beneficiarse, vieron de conveniente en la obra”.
4º El “genocidio español” en América
El escritor desmintió este cuarto pilar de la leyenda negra con algunas cifras y conclusiones concretas:
-Hoy la población blanca en los territorios que formaron parte del imperio español asciende a un 10% de blancos puros, un 20% indígena puro y un 70% restante de mestizos, un dato que refleja como “se mezclaron con los españoles para dar lugar a una nueva raza, la más moderna de las razas tradicionales”.
-En Estados Unidos, el territorio por antonomasia colonizado por anglosajones protestantes, los indígenas puros son el 0,89%. En el caso de España hablamos de un 10%, 12 veces superior al dato estadounidense.
-En Estados Unidos, el mestizaje es el 0. No ha habido mestizaje en las poblaciones anglosajonas protestantes que colonizaron el norte de América que hoy conocemos como Estados Unidos.
En parte de ese territorio, unos 2/3 partes del territorio que hoy es Estados Unidos fue previamente colonizado, instruido y evangelizado por los españoles en lo que fue, según Antequera, “una de las etapas de la evangelización española más elegante y digna de contar” y que “se hizo prácticamente sin soldados. Los misioneros se aventuran en aquellos lugares, alcanzan acuerdos con las tribus, las instruyen, evangelizan y dan la religión católica, hablan español… ¿Pero de qué exterminio estamos hablando?”; se plantea.
Habla en último lugar de lo “improbable” de que la catástrofe americana ascendiese como se dice al 90% de la población americana. En ese caso, dice, “no estaríamos hablando de un continente donde hay un 20% de personas que son indígenas puras y un 70% de personas que son mestizas”.
5º El robo del oro de América
Para Antequera, entre los pilares de la leyenda negra antiespañola no podía faltar la entredicha cuestión del “robo del oro” de América. Algo que para el escritor se trata de “una falsedad en su propia enunciación”, pues la cantidad de oro de América no justificaba tanto la presencia de una “potencia mundial” durante 300 años. Al menos tanto como la plata, más numerosa.
“Se llega a decir que el 70% de la plata que circulaba en el mundo en aquel momento provenía de un único yacimiento, que era el del Potosí, en Perú”, detalla.
Podría replicarse que, aunque fuese plata y no oro, se redirigía igualmente a España. O mejor dicho, hacia la península, pues el virreinato también era España. Lo que Antequera también niega: “Llegaba el Quinto Real y poco más. Y no se quedó en España. Aquello solo sirvió para alimentar las guerras que se llevaban a cabo desde la monarquía española en defensa del catolicismo frente al islam y frente al protestantismo”, menciona.
Pero si al impuesto se le llamaba Quinto Real sería por que existían otros “cuatro quintos”. ¿Qué pasaba con ellos? Para el escritor Antequera, esa es la porción “realmente significativa” y, lejos de llegar a la península, “se quedaron allí”.
La explicación es sencilla: “De entre los milagros que realizó España en América, hubo uno que no pudo llevar a cabo y que hasta la fecha no ha llevado a cabo nadie, que las cosas se hagan sin pagar”, dijo en referencia a la ingente edificación de “ciudades, caminos, puertos, puentes, acueductos, escuelas, universidades o catedrales magníficas adornadas con el mejor oro y plata que imaginar quepa”.
De entre las muchas gestas que se llevaron a cabo con los metales preciosos que se quedaron en América, Antequera concluye citando “la primera globalización de la historia”, resumiendo la síntesis de la verdad histórica frente a los pilares de la leyenda negra con esta conclusión:
“La única finalidad presente en la mente de la gran reina española que fue Isabel la Católica, y en la de todos sus sucesores posteriormente, fue la de llenar los cielos de nuevos cristianos. Ese fue el auténtico objetivo de la presencia española en tantos lugares del mundo”, finalizó entre aplausos.
