Entre el pasado 18 y 20 de octubre se celebró el II Encuentro de Hispanidad Santa Pola, evento que por segunda vez ha congregado a multitud de referentes intelectuales del hispanismo con el objetivo de «defender y enfatizar nuestros valores culturales, los que conforman el nexo de unión de toda la Hispanidad y conocer nuestro pasado común para sentirnos orgullosos de nuestro presente».
Una de las invitadas fue la doctora en Historia Margarita Torres Sevilla, que en su ponencia Un puente de unión hispano para el siglo XXI abundó en la historia y análisis de la milagrosa Virgen de Guadalupe con Juan Diego, su basílica y devoción en México o en por qué esta advocación es «la que más une a todos los hispanos».
Aparición de la Virgen de Guadalupe con Juan Diego
Torres detalló los sucesos vividos en 1531 por el indígena Juan Diego, converso en 1524 y cuyo nombre en náhuatl se traduce como «el águila que habla cosas divinas». Todo comenzó el 1 y 2 de diciembre, cuando la Virgen, presentada como «la madre del Dios verdadero», encomendó a Juan Diego informar al obispo de su deber de construir un hogar para la Virgen.
Guadalupe es la advocación que más une a los hispanos a un lado y otro [del océano]
Ante la prudencia del obispo Zumárraga y su deseo de una señal, la virgen se habría aparecido de nuevo al indígena en varias ocasiones hasta que el 12 de diciembre obtuvo la señal buscada por el obispo: junto con la imagen de la milagrosa Virgen de Guadalupe plasmada en la tilma de Juan Diego, se sucedió un segundo milagro cuando también en la tilma aparecieron abundantes muestras de rosas de Castilla, cuya presencia en México en pleno diciembre solo podía ser considerada milagrosa.
Este sería solo uno de los motivos que llevaron a Torres a orientar su ponencia sobre la milagrosa virgen de Guadalupe como «puente entre dos mundos«, si bien las apariciones del Cerro Tepeyac cuentan con una serie de rasgos propios que permiten definirla como «una aparición para los indígenas«.
La historiadora detalló algunos de ellos:
1º El «punto y final» de Guadalupe al «festival de sangre»
Tras la explicación de lo que el sacrificio y la sangre tenían para el mexica en su cosmovisión, la historiadora subrayó la coincidencia de la aparición mariana del 12 de diciembre de 1531 con el solsticio de invierno que iniciaba los sacrificios indígenas a Huitzilopochtli. Para Torres, el mensaje que lanzaba la Virgen a los indígenas era claro: acababa de poner «punto y final» al festival que dedicaban a Huitzilopochtli para que el sol no parara, a base del sacrificio y con la sangre de los humanos alimentando al dios.
2º El manto de Guadalupe, mujer emperatriz
Entre otros rasgos que muestran que la tilma estaba hecha para ser leída fundamentalmente por los mexicas estaba el color azul y verdoso del manto. «El del tlatoani -emperador- era azul verdoso. Si la Virgen llevaba el manto que aúna el azul del cielo y el verde de la vida, es que esta mujer era una emperatriz», explica Torres.
3º Una virgen embarazada
A la evidente señal de embarazo en la representación de María se unen otras que solo los indígenas podían interpretar. El primero, dijo, era la cinta, acorde con la tradición local de las mujeres indígenas de ceñirse una cinta negra en el momento de su embarazo. «También llevaba, como las mujeres mexicas, los cabellos sueltos y sin trenzas, que es como se llevaban cuando eran vírgenes».

La tilma de la milagrosa virgen de Guadalupe se conserva intacta y se venera en la Basílica de Guadalupe (Ciudad de México).
4º La flor de la madre de Dios
Torres también explicó el significado de la flor de cuatro pétalos en aspa portada por la Virgen, lo que para los indígenas simbolizaba la maternidad divina. La flor en cuestión, el Nahui Ollin, representa la presencia de Dios, indicando dicha maternidad divina al encontrarse situada en su vientre.
5º Una Virgen orando según la tradición indígena
«También tiene el pie derecho recto, apoyado encima de la luna negra, y el otro con la rodilla doblada, porque hace el gesto de caminar y danzar, como los indígenas, que danzan y oran a la vez. El baile es una forma de oración y [el mensaje que transmite es] estar orando según su tradición», agrega la historiadora.
6º La milagrosa Virgen de Guadalupe, eclipse del sacrificio de sangre
En último lugar, la historiadora se refirió a la luna negra sobre la que la tilma muestra a la milagrosa Virgen de Guadalupe, situándola como un eclipse al sol, transmitiendo que los sacrificios de sangre ya no eran necesarios. «Ese no es el dios verdadero. Yo llevo a quien es el Dios verdadero, y no es necesario que hagáis sacrificios de sangre, porque, de quien yo soy madre, ha entregado su vida, siendo Dios, por vosotros. Los hombres no tenéis que alimentar con vuestra sangre a los dioses, sino que un Dios alimenta con su sangre a los hombres«, agrega.
7º La Virgen de Guadalupe, una mestiza con el mensaje de la unión
Al margen de la simbología, Torres refirió las imágenes generadas por Inteligencia Artificial en base al rostro de la tilma de Juan Diego, arrojando un rostro que no era indígena ni española, sino mestiza. «Lo que la Virgen dice a indígenas y españoles después del annus horribilis de 1530 es que la cultura es común, que unan los dos pueblos y creen un gran nación«.
Que la simbología de la tilma estaba dirigida fundamentalmente a la población indígena lo muestra la exponencial cifra de conversiones: solo en los siete años siguientes a las apariciones del cerro Tepeyac se sucedieron cerca de 9 millones de conversiones, habiendo días en que se bautizaron hasta 14.000 indígenas.
Guadalupe, «puente entre mundos hermanos» que deben «cerrar filas»
Para Torres, es evidente que la Guadalupe de Tepeyac «es una virgen mestiza y que lo que pide a gritos son las culturas unidas, es un puente entre dos mundos hermanos. Cuando Juan Pablo II canoniza a Juan Diego, proclama a la Virgen de Guadalupe protectora de América, pero Guadalupe ya protegía a los españoles, porque en 1928 `la Guadalupe peninsular´ fue proclamada protectora de los españoles. Puesto que la española y la mexicana están íntimamente unidas, ambas nos protegen y es la advocación que más une a los hispanos a un lado y otro [del océano]».
Guste o no, concluyó, «el mundo cada vez habla más español, está más orgulloso de su cultura sin negar sus raíces mestizas, indígenas o españolas y cada vez estamos más orgullosos de tener ese punto en común. Mi invitación es que empecemos a pensar en unirnos y en cerrar filas frente a los que nos quieren desunir. Construyamos, no destruyamos».
