Conclusiones de "Lepanto. Cuando España salvó a Europa", de Marcelo Gullo.

15 conclusiones de la obra más polémica y combativa de Marcelo Gullo: «Lepanto. Cuando España salvó a Europa»

El historiador y divulgador argentino Marcelo Gullo, reconocido mundialmente por obras de la talla de Madre Patria, Lo que América le debe a España o Nada por lo que pedir perdón, acaba de publicar con Espasa su última obra: Lepanto. Cuando España salvó a Europa.

Un libro que nos llega este 1 de octubre, a menos de una semana del aniversario de la batalla de Lepanto -7 de octubre de 1571- y en pleno mes de la hispanidad, cuyo culmen tendrá lugar el día 12.

De este modo, Gullo despierta los ánimos de una creciente masa de lectores que se podrían decir movilizados, activistas y militantes contra una leyenda negra académicamente agonizante. Una agonía en la que Gullo ha tenido mucho que ver, al ser uno de los protagonistas de la revitalización de lo que hoy se viene en llamar corriente o movimiento hispanista.

No todos los vientos serán alisios para Gullo. La publicación de Lepanto: cuando España salvó a Europa, tiene lugar con una efervescente polémica y por muchos considerada artificial, surgida este verano contra la inmigración hispanoamericana y la corriente hispanista.

En este sentido, no son pocos quienes acusan a Gullo de ser el principal instigador de lo que llaman “remplazo demográfico” en España por sus llamados a la inmigración hispana frente a la crisis demográfica.

Una cuestión que el autor aborda de lleno y directamente en Lepanto, especialmente en las conclusiones. Sin embargo, los adversarios de Gullo no tendrán fácil mantener coherente su discurso: a lo largo del libro, son muchas las ocasiones en que el escritor rosarino enfrenta implacable a quienes considera los verdaderos responsables del movimiento “globalista” en el que el “proletariado externo” -la inmigración islámica- es la principal vanguardia. De la habilidad del escritor dependerá trasladar al lector los argumentos que refuten las tesis identitarias-racialistas, dedicadas por entero a extender su rechazo a la inmigración hispanoamericana por considerarla alejada de la fe, cultura y civilización occidental y europea.

Extraemos 15 conclusiones de Lepanto, cuando España salvó a Europa, una obra que trasciende enormemente la categoría de “Historia”, pues toca de lleno la esencia, definición e identidad de España y la hispanidad, al tiempo que ofrece abundantes conclusiones y reflexiones sociológicas, demográficas y, especialmente, religiosas, aunque no siempre sean fáciles de escuchar.

1º Alianza woke-islamismo

    «Hoy en día, cuando el wokismo proislámico —hegemónico en la mayoría de las universidades de Occidente— considera que el «hombre varón blanco» es el culpable de todos los males de la humanidad, conviene recordar que, como bien afirma el sociólogo marxista Juan José Sebreli, «paradójicamente, los árabes, que en el siglo actual [XX] serían los mejores aliados de los negros en los movimientos tercermundistas y antioccidentales, fueron los más grandes esclavistas del mundo». Tanto los cristianos de Europa como los hindúes de la India fueron víctimas del esclavismo árabe«.

    2º La enfermedad de la endofobia

      «Importa resaltar que tanto los progresistas de izquierda como los anglófilos de derecha están enfermos de endofobia, una dolencia que consiste en el rechazo irracional hacia los elementos que constituyen la identidad del pueblo en que se ha nacido. Esta enfermedad se manifiesta en el desprecio de la tradición y de la historia del pueblo del que se forma parte, llevando a la invención de relatos históricos que legitimen dicho rechazo».

      3º Feminismo islamista

        «Las feministas de izquierda, que, en Francia, se han aliado con el islamismo por odio a las raíces cristianas de Europa, son un buen ejemplo de esa nueva enfermedad que amenaza con destruir al Viejo Continente».

        4º Invasión silenciosa

        «Actualmente, España sufre una invasión silenciosa. Pero muchos españoles no lo saben o no quieren enterarse, e incluso hay quienes, aun sabiéndolo, la fomentan. El Viejo Continente sufre una invasión silenciosa protagonizada por el mismo poder que España detuvo en Covadonga y en Lepanto«.

          5º La hispanidad, pasaporte al futuro

          «A la Hispanidad no hay que inventarla o construirla; está ahí y sobrevivió al cambio de dinastía, a la convulsión y confusión provocada por la invasión francesa y a la acción disolvente del imperialismo anglosajón. La hispanidad es el pasaporte para el futuro«.

            «Lepanto. Cuando España salvó a Europa» (Espasa), última publicación de Marcelo Gullo.

            6º Al-Ándalus, muy lejos de la paradisíaca tolerancia progresista

            «En efecto, lo que se instauró en Al-Ándalus —es decir, en el territorio español ocupado por el invasor musulmán— fue “un régimen más parecido al apartheid sudafricano, mutatis mutandis, que a la idílica Arcadia inventada por Américo Castro”. Es decir, un régimen muy alejado de la paradisiaca tolerancia musulmana construida por los historiadores progresistas y cuya finalidad era, sencillamente, eliminar el ADN cristiano de España».

              7º Frente a la subordinación al mundo anglosajón

              «Es necesario terminar con la subordinación cultural que padecen los españoles —la mayoría— respecto al mundo anglosajón, si se quiere que esa masa de hispanoamericanos no sea recibida con los prejuicios y el nefasto sentimiento de superioridad. Los españoles europeos deben comprender que la España actual es un pueblo hispánico más, tan hija de la España progenitora como pueden serlo Argentina o Venezuela. La madre patria —de la que hablamos con amor y respeto— es también la madre de la actual España, el país que, quizá, más ha renegado de su Fe Fundante«.  

                8º Juan de Austria, vitoreado hasta el delirio

                «Tanto en Europa como en Hispanoamérica se vitoreó hasta el delirio el nombre de Juan de Austria. Esto fue así porque la población europea sabía que, de haberse producido una derrota cristiana, esta habría abierto las puertas de Occidente a los turcos: La misma Italia, sin la protección de las escuadras españolas de Nápoles y Sicilia, habría caído más tarde en manos turcas».

                  9º El triunfo de Lepanto, también de los indios

                  «Los indios, recientemente convertidos al catolicismo, sintieron como suyo el triunfo [de Lepanto] contra el islam: En la antigua ciudad inca, la celebración de la batalla de Lepanto tuvo lugar durante la Pascua de 1572 […]. El día de la recepción de la noticia […], el virrey Francisco de Toledo mandó al corregidor y toda la caballería de la ciudad iluminar la ciudad «con muchos fuegos y lumbres que los indios hicieron la mayor parte de la noche»».

                  10º Un combate épico de héroes

                  «Los historiadores progresistas, enfermos de endofobia, destacan que los relatos sobre el desarrollo de la batalla de Lepanto «son muy diversos, adornados y llenos de detalles que no coinciden».  Pero ¿qué importa que algunos historiadores hayan embellecido sus narraciones para hacer más amena su lectura, si en lo sustancial no se apartan un ápice de lo acontecido? ¿Qué importa que algunos historiadores no coincidan en ciertos detalles, si lo esencial es verdadero? Lo que importa es que fue un combate épico en el que los soldados de ambos bandos combatieron heroicamente. Y ese es el problema: que los historiadores progresistas no pueden admitir que hayan existido héroes de carne y hueso, sobre todo si hablamos de españoles».

                    11º Setecientos años de lucha contra el invasor

                    «Todos sabían que la reconquista de Granada fue posible porque en Covadonga, en el año 722, un pequeño grupo de hombres decidieron ser libres y gritar a los cuatro vientos que nunca se someterían al imperialismo árabe y jamás se convertirían al islam. Ningún pueblo de Europa había tenido que librar una guerra tan prolongada y brutal para recuperar su suelo patrio. Fueron setecientos años de lucha contra el invasor en una guerra tanto religiosa como patriótica, porque cada metro de tierra que se le arrebataba al invasor mahometano era un metro de tierra que se ganaba para la fe cristiana».

                      12º Hacia una nueva reconquista

                      «Un análisis prospectivo adecuado no puede sino afirmar la posibilidad de que, en un futuro no tan lejano, a los españoles de bien les tocará protagonizar una nueva reconquista y un nuevo Trento. En ese caso, solo si los españoles recobran su verdadera memoria histórica y logran recuperar su Fe Fundante, estas iluminarán sus conciencias y les servirán de guía para alcanzar la victoria. Quizá entonces, como en Lepanto, España será la única esperanza de Europa».

                        13º Aún hay esperanza

                        «Aún hay esperanza y que no deben rendirse. Hay muchos jóvenes que, en silencio, han decidido recoger la flecha y tensar el arco. Estoy seguro de que, cuando la lancen, el grito que les saldrá de lo más profundo de sus corazones será el de siempre: «Santiago y cierra, España»».

                          14º El principio de la fe fundante  

                          «La mayoría de los españoles ignoran que en el principio de todas las civilizaciones y en el origen del poder de las naciones se encuentra siempre una Fe Fundante, y que cuando los jóvenes dejan de ser formados en los valores de dicha fe, los cimientos de esa nación o de esa civilización comienzan a desintegrarse. Los cimientos se encuentran bajo tierra, y por ello son pocos los que observan el proceso: la mayoría tan solo ve la majestuosidad de la casa construida, sin darse cuenta de que sus muros tienen los días contados».

                            15º Juan de Austria, prototipo de la hispanidad

                            «Por sus venas apenas corría sangre española y, sin embargo, pronto se transformó en el prototipo de la hispanidad, a la que se pertenecía no tanto por motivos biológicos, sino por llevar un estilo de vida basado en practicar el bien y en saber morir con dignidad —hablando siempre en español—, ya fuera en el martirio o en la batalla frente a los enemigos de la fe.

                              Un estilo de vida que daba a entender que el pecado era, simplemente, una caída y que la santidad no consistía en no pecar nunca, sino en levantarse e implorar el perdón de Dios. La hispanidad era el Verbo hecho pueblo, la catolicidad encarnada en una sociedad que hablaba en español con su Dios y con su madre, la Virgen María. Don Juan era un genuino caballero de la hispanidad«.

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